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jueves, junio 28, 2012

El Prototipo Quispe One


Autor: Oscar Tramontana
(Tomado de revista Ruedas & Tuercas Año 6 Nro. 123, diario El Comercio)



Desde que éramos bien chibolos, ya todos en Ancopata sabíamos que al Quispe le faltaba una tuerca, y que no era otra cosa que un gran soñador. Tenía sin embargo esa determinación en la mirada que hacía convincente todo lo que nos decía, y aunque parecía un poco loco, cuando entrabas en confianza notabas al toque que era buena gente, sencillo y trabajador. Nunca he conocido a una persona que sepa tanto de autos como mi amigo el Quispe...

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Sus papás habían fallecido y el Quispe vino a nuestro pueblo a vivir con una tía que, como no sabía nada de mecánica, había vendido el tallercito de su papá para, con ese dinero, meter al Quispe en nuestro colegio.

Desde el primer día de clases se convirtió en nuestro gran amigo. Ese día durante el recreo, trazó en la tierra una pista de carreras con obstáculos y todo, y nos llamó a todos los hombres del salón para decirnos que nos iba a enseñar a jugar a las carreras de autos. Sin que nadie se atreviese a contradecirlo, empezó a sacar de su mochila, envueltos en paja y papel periódico, los diez carritos de juguete que su padre le había dejado.

Primero los puso en fila en la vereda, y luego nos dijo que escogiéramos el que más nos gustase. Yo escogí un rojo y blanco con forma de alacrán que se llamaba "Tanderbir" y mis amigos otros con nombres divertidos como "Porch", "Escarabajo", "Mustan", "Mini" y "Langoryini". Jugamos durante todo el recreo y después del colegio, estuvimos jugando mucho más. El Quispe sabía un montón de cosas sobre autos y no se cansaba de contarnos. Su papá le había transmitido un amor muy grande a los autos y él estaba convencido que un día iba a construir su propio auto de verdad. Explicaba todo con tanto entusiasmo que, poco a poco, cada uno se sentía más compenetrado con el autito que había escogido aunque yo, por ejemplo, no entendía del todo porque mi carro el "Tanderbir", que según el Quispe tenía uno de los motores más grandes del mundo, no podía ganarle a su favorito, el "Yip Guilis", que tenía un motor más chico y menos poderoso. Entonces el Quispe se reía y me decía alguna locura como que la "carreodinámica", el "pesopotencia" o la "atracción de la doble suspensión"  y no quedaba otra que admitir que, de autos, este pata sabía un montón. Al final de la tarde, mientras caía la noche en las chacras y solo nos provocaba ir a casa para abrigarnos y dormir, el Quispe nos explicó que esos carritos eran réplicas exactas de autos que de verdad existían, y que un día nos iba a llevar a un sitio por donde pasaba una carrera verdadera, a solo tres horas de camino del pueblo. Esa noche soñé que con mi "Tanderbir", me iba hasta Lima a traer a mi mamá.





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Corría el mes de setiembre y finalmente llegó el gran día. Nos habíamos levantado a las 3 de la mañana y nos habíamos reunido en la placita de Ancopata. El Quispe traía una bolsita con quesito, y el resto pusimos pan, habas y choclo para el camino. Agua sobraba en los manantiales, así que empezamos a caminar detrás del Quispe, rumbo a la carretera de verdad. Estuvimos andando como dos horas escuchando los sonidos de la noche. El Quispe se sabía el camino de memoria y cuando empezó a amanecer, el frío desapareció y comenzamos a disfrutar de una embriagante sensación de aventura. El Quispe comenzó a contarnos que era "Caminos del Inca". Nos dijo que era una gran carrera de autos de todo tipo que venían desde Lima y que, después de "nosecuantos" miles de kilómetros, cruzaban casi toda la sierra para, finalmente regresar a la capital. El Quispe nos contó que él había visto la carrera con su papá, y que conocía un sitio donde los autos se veían como remolinos de viento que se comían el polvo y la distancia.

Cuando amaneció llegamos a la carretera y nos pusimos a bailar. Ese gran camino nos hacía pensar en viajes, en camiones cargados de verduras y en preciosos pueblecitos con comida rica, cariño y amistad. Seguimos el camino, trepamos un cerrito y nos pusimos a esperar.

El sol ya estaba bien arriba cuando aparecieron los primeros paisanos-tuerca. Así se les decía con cariño a los cholos que, como el Quispe y su papá, iban todos los años a ver Caminos del Inca. Algunos llevaban radio, y todos comentaban que en la etapa anterior, entre Huancayo y Ayacucho, un "Toita" se había caído al río, pero que el piloto seguía en carrera. El Quispe discutía sobre los autos favoritos para ganar, y al ver su entusiasmo, varios le dijeron que había salido igualito a su papá. De pronto uno de los paisanos gritó una frase que nos incendió la sangre: ¡Cooooche a la vista!

Todos nos pusimos de pie. Al principio no se veía nada, pero allí en medio del cerro, al fondo de la quebrada, se distinguía un puntito que levantaba una fina cortina de polvo. Era el primero de los autos, y venía bordeando los precipicios a una velocidad increíble. El Quispe fue el primero en reconocer al "Mustan", su favorito de este año. Julián que era el "dueño" del "Mustan" en nuestros juegos de recreo, se encendió de alegría y se puso a vitorear el paso rasante del animal rodante, las curvas impecables que trazaba en la tierra y el poderoso rugido de su motor envuelto en llamas. Durante casi dos horas, contemplamos extasiados la violenta arremetida de los 50 autos que pasaron junto a nosotros. Algunas veces los copilotos nos saludaban e incluso llegó un momento en que ya todo daba igual, en el que todos eran favoritos: el "Mustan" era hermano del "Escarabajo", el "Toita" y el Datsun eran hermanos del "For", y los pilotos de Caminos del Inca eran los seres más valientes y extraordinarios que habíamos visto en nuestras vidas. Cuando al caer la tarde, pasó el auto de cierre y todos nos disponíamos a regresar, en los ojos del Quispe percibimos un fuego que nuca antes le habíamos visto en la mirada. "Algún día -nos dijo solemnemente-, construiré mi propio auto de carreras".

Antes de partir, un paisano llamó al Quispe y le dijo que le había traído un regalo que le iba a gustar mucho. Se trataba de una de esas revistas que vienen con El Comercio, y al Quispe casi se le salían los ojos cuando vio la portada. Nadie leía tan bien como el Quispe y mucho menos yo, pero claramente alcancé a distinguir que la palabra "Ruedas" y la palabra "Tuercas" estaban impresas en la portada.


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No recuerdo exactamente cómo y cuando empezaron los experimentos del Quispe, pero recuerdo exactamente la tarde en que irrumpió en la placita de Ancopata, a 35 kilómetros por hora, a bordo del prototipo "Quispe One". Era domingo y todos salíamos de la capilla, cuando sentimos un ruido infernal. Detrás de una bandada de gallinas que salían despavoridas el Quispe apareció por la esquina del Estanco de la Sal con su primer carro. El timón era de bicicleta, los pedales eran un par de fierros soldados y los frenos -"sutilezas", diría mi amigo- simplemente no existían. El Quispe había ideado un sistema de refrigeración que le permitió vagar por la aldea como cinco o seis minutos sin quemar el motor, antes de empotrarse adrede contra el montón de chala que mi padre le daba a sus reses. El Quispe no salía de su asombro. Para él mas allá de las evidentes deficiencias del "Quispe One" -bautizado así en honor a uno de sus autos favoritos-, el experimento le había reportado la inmensa satisfacción de comprobar que era capaz de hacer funcionar un auto con sus propios recursos. El resto eran "sutilezas". No sé dónde sacó esa palabra el Quispe, supongo que de tanto leer Ruedas & Tuercas, aprendió algo de lenguaje técnico. Lo cierto es que, una vez terminado el experimento, el Quispe decidió que había llegado el momento de emprender su proyecto más ambicioso. El Quispe nos dijo que ya iba siendo hora de que algún peruano se decidiera a fabricar un automóvil hecho a la medida de nuestros caminos, de nuestras necesidades, y en esas estábamos cuando llegó el cura a corretearnos. A penas tuvimos tiempo de rescatar lo que quedaba del "Quispe One". Corrimos hasta la quebrada y nos bañamos en el río. Cuando atardeció, encendimos una fogata y nos quedamos hablando de autos hasta tarde. Al día siguiente, ya en el colegio, el Quispe nos enseñó sus revistas de autos. Las tenía todas porque cada dos miércoles caminaba hasta el pueblo -tres horas de ida y tres horas de vuelta-, para conseguir la última edición. Estaba orgulloso de su colección completa, y nos enseñaba fotos de nuestros autos favoritos. Se notaba que el Quispe las había estudiado mucho, ya que todas tenían varias partes subrayadas. 


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El día que el Quispe se despidió de nosotros, nos dijo que se iba a Huancayo, y que planeaba trabajar un montón para poder estudiar ingeniería mecánica en la Universidad Nacional. Nos dijo que era la única manera de realizar su sueño, que sabía perfectamente que le costaría muchísimo hacerlo realidad pero que sabía que tarde o temprano llegaría a construir su propio auto, que lo patentaría y que sería tan bueno que se vendería en todo el Perú. Luego abrió su mochila y empezó a repartir, uno a uno, sus adorados autitos de carreras, entregándonos a cada uno el auto de nuestra predilección. "Quiero que los guarden para que me recuerden, -nos dijo-. Un día, cuando mi sueño se cumpla, regresaré a Ancopata, y a cada uno de ustedes les regalaré uno de mis carros de verdad". Nos abrazó uno por uno y desapareció por el camino, silbando, envuelto en la bruma de sus propias ilusiones. 

Han pasado cinco años de esto y no tenemos muchas noticias del Quispe supimos eso sí, que se había graduado con honores y en tiempo récord tras presentar un brillante proyecto de motor que le valió un traslado a una universidad limeña. Seguro que no nos escribe porque está demasiado ocupado, en esa ciudad no debe haber tiempo para nada, pero de todos modos cada dos miércoles cuando alguno de nosotros trae del pueblo la última Ruedas & Tuercas, lo primero que hacemos es chequear las Notiruedas, para ver si por ahí nos enteramos cómo le va al Quispe. Hasta ahora no ha salido nada pero tenemos fe en nuestro amigo. Estamos seguros que, por ejemplo, el día que el Quispe sea famoso, la historia de su vida aparecerá en un número especial de su revista favorita, la única que es gratis y llega a lugares tan remotos como nuestra querida Ancopata. Es posible que salga un artículo en que se nos mencione a nosotros. Es posible que mencione el pequeño "Tánderbir" que hasta ahora tengo guardado, mientras espero que el Quispe venga y me lo cambie por uno de sus autos de verdad.







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He sentido el olor a gasolina en el aire y he salido corriendo al camino. Brillante, pintado con los colores de mi "Tánderbir" pero más parecido al famoso "Yip Guilis", el auto, el auto que me ha traído mi amigo el Quispe es absolutamente especial, y Ruedas & Tuercas, siempre cumplidora, ha publicado la historia de mi amigo en su edición de aniversario.


FIN

miércoles, junio 27, 2012

La Muñeca

Batería con energía de la imaginación


Buen día,

De niño veía un programa de TV:  El Tío Jhonny. Durante el mes de enero, presentaba una secuencia de concurso de juguetes, de los recibidos en navidad.

Un año, en el concurso estuvieron de moda las muñecas. Las niñas llevaban sus muñecas que hablaban, caminaban o movían sus bracitos, con el uso de baterías. Era toda una novedad. Una niña presentó a su muñeca. No tenía mucho atractivo, si se le comparaba con las otras. El Tío Jhonny dijo a la niña: ¿Tu muñeca habla?, la niña dijo: No. ¿Tu muñeca mueve sus bracitos? No los mueve. ¿Tu muñeca llora? La invariable respuesta fue: No.

Entonces la niña dijo: “Mi muñeca camina”.

El Tío exclamó: ¡Camina! ¡Hazla caminar!

La niña cogió con sus manos las piernas de su muñeca y la paró sobre una mesa. Movía alternadamente la mano izquierda y luego la derecha, sujetando las piernas de su juguete. Y pues si, la muñeca caminó. El Tío, se quedó helado. La imaginación de la niña lo superó.

Esa muñeca que para caminar, usaba la fuerza motriz de la imaginación de su dueña, no ganó. Pero a mi me hizo sonreir. Han pasado tantos años, que escribo hoy y me sonrio como si fuera la primera vez.










Saludos

domingo, junio 24, 2012

Un Sábado



Hola amigos de Energicentro. Hoy como el post del último viernes, escribo sobre un tema no "baterilleril". Por mi trabajo, con frecuencia debo trasladarme a través Lima, la ciudad capital. Me tocó viajar en la llamada hora punta, entre las 7 y 9 de la mañana.

Bus articulado del Metroplitano.
Fuente: Wikipedia.
La ciudad a crecido vertiginósamente. Tiene una población estimada de unos 9 millones. La demanda por transporte es una de las prioritarias necesidades de la ciudadanía. El servicio de pasajeros requiere de urgentes mejoras, para hacerlo más grato a los usuarios. 

Mi experiencia del sábado se inicio, formando cola para abordar uno de los llamados Buses Metropolitanos. El gentío era abundante. La hora para muchos avanzaba y la necesidad de abordar alguna unidad, crispa los caracteres de más de un limeño. Delante mío, hacía su cola una estudiante quien portaba una maqueta de construcción. Era como un proyecto de restaurante. La construcción mostraba en sus paredes decorados con las figuras de las Líneas de Nazca. 

De pronto, llegó un bus, las puertas se abrieron y allí comenzó el tumulto. Hay quienes pierden la brújula y se olvidan del otro. Simplemente lo ignoran y a empujar y pujar por abordar. Un tipo raudo y a empellones, se abrió paso. Tropezó con la chica de la maqueta y lejos de pedirle disculpas expresó: "¡Quita tu tontería!".

Reproducción de una Línea de Nazca,
 en parque María Reiche,
distrito de Miraflores.
El bus partió con su cargamento de pasajeros. Yo me dije, si este se llenó pues vendrá otro. Total el mundo no se va a acabar... al menos todavía. Miré a la señorita de la maqueta y le expresé que su trabajo me parecía muy bonito. Le conté que soy devoto del conocimiento de las Líneas de Nazca y le iba explicando lo que sabía de ellas. Pregunté en que universidad estudiaba, me dijo que en el Instituto Toulouse Lautrec. Esto último me dio pie, para convesar del pintor del Molino Rojo y de su comtemporáneo Vincent Van Gogh.

Llegó un nuevo bus. Subí, también la chica de la maqueta. 

Llegué a mi destino. Terminé mi trámite. Como estaba cerca del Museo de la Nación y leí que había una muestra sobre Puruchuco (Ciudadela Inca, ubicada en Lima) y El Qapaq Ñam (Red de caminos Incas), pues ingresé. Habían muchas delegaciones escolares. Disfruté de las muestras, aprendí. Los Incas, habían logrado la construcción de una extensa red de vías que comunicaban todas las zonas del extenso Tahuantinsuyo, que era como se llamaba su imperio. Los caminos cruzaban llanuras, quebradas y zonas de nevados. La ingeniería Inca, se imponía al reto de la naturaleza.

Salí del museo y me dirigí al cruce de las avenidas Javier Prado. Al llegar al paradero del bus, observo un auto blanco que se había "cruzado" (estacionado) delante de una "combi", que es el vehículo de mas abundancia en la ciudad para el transporte de pasajeros. Creo en Centroamérica el vehículo recibe el nombre de "camioneta" y en otros lugares se les llama "busetas".

Del auto blanco, bajó una señora quien airadamente le reclamaba al chofer de la combi. Ella empuñaba un bastón, que por su forma, me parecía como los que usa el personal de policía. Unos transeúntes mencionaban que el chofer de la combi había sido él agresor. Manejaba como si el fuera el único presente en la vía. El tránsito se detuvo. Claxon y reclamos abundaron. No había ningún efectivo policial.

En el auto aparte de la señora que lo conducía, viajaban una niña y una señora de edad, quien también se bajó para increpar la conducta del chofer de la combi, cuyos pasajeros desconcertados, optaron por bajarse. La combi exhibía un chasis no muy santo. Raspones y abolladuras mostraba su carrocería, de seguro signos de muchos encontronazos con otros vehículos. 

El chofer con violencia, dio marcha atrás, esquivó al auto y se dio a la fuga. Oi ruido de vidrios rotos y un vehículo que a velocidad se perdía en el caótico tránsito.

Que pena la insensatez, la violencia y el irrespeto por el otro.

Quien escribió eso de: "La calle es una selva de cemento...", pues debió haber vivido experiencias como las que relato aquí.

Saludos amigos. Era algo que necesitaba contar. La historia en la urbe es dura, pero es necesario saberla para encarar la acción de mejora que nos tiene a nosotros como sus necesarios protagonistas.

viernes, junio 22, 2012

¿Dónde diablos está Matt?

 (Where the Hell is Matt?) 



Hola, buen día amigos. Matthew Harding es un ciudadano norteaméricano que se ha hecho famoso, debido a que a los lugares adonde viajaba, pedía que lo grabaran en video, mientras el bailaba. No importaba el que bailara bien, sino simplemente el bailar.

El baile, rompe barreras, así que uno ve danzarines en Sudáfrica, o en Corea del Norte. Plazas llenas de bailadores, en Madrid o en Venezuela.

Sus videos se hicieron famosos en la I-net. Matt, ha recorrido diversos paises. Aquí una versión del año 2012. El video tiene un publicitario, el cual se puede suprimir.

Saludos.




sábado, junio 16, 2012

Baterías

Baterías y Boda. Publicidad en Baterías

Hola amigos de Energicentro. Hoy un video con el tema de publcidad en baterías. Esta vez de la marca CRAL, original de San Paulo - Brasil.

El tema va de una celebración de bodas, donde falla la energía de red pública. Aquí el video:








Saludos

jueves, junio 14, 2012

Batería Bosch de 75 A-h



Hola, buen día amigos. Ahora una entrada, cuyo tema es motivado por una consulta de un visitante desde Ibiza, España. Aquí la consulta:

Hola amigo. Mi nonbre es Juan. Te escribo de Ibiza, y mi pregunta es la siguiente:
Tengo una barquita con un motor intraborda Volvo-Penta, y tengo una bateria Bosch de 12 V y 75 Amperios-hora. Al estar pescando, utilizo el radio caset de la barca para escuchar musica, y mi duda sienpre es si tendre suficiente bateria para cuando termine de pescar y poder arancar el motor de la barca.
¿Qué me aconsejarias instalar para saber cuanto de energía tengo disponible en la batería? ¿Existe algún un anperimetro o dispositivo que te diga cuanta 'bateria util' te queda luego del consumo con el radio caset?
Saludos desde Ibiza-España. 


Fuente: Wikipedia.
 Aquí mi respuesta:

Hola Anónimo de Ibiza

Gracias por visitar Energicentro. Le escribo mientras escucho a la cantante: Nana Mouskouri en Placer de Amar.

Su pregunta me hace recordar una consulta de cuando vendía en una tienda. Recibí la llamada y me preguntaban por baterías para embarcaciónes. El diálogo terminó con una pregunta del cliente: 

"¿Señor, sus baterías son buenas?. Fíjese que si yo estuviera en una carretera y la batería se bajara (descargara) pues empujo el auto y asunto arreglado, pero en una embarcación, no se puede hacer eso".

Bueno amigo de Ibiza, le aconsejaría lo siguiente:

Instalar una batería adicional, justo para atender las necesidades de la radio-caset. Así se disminuye la posibilidad de quedarse varado por un tema de falta de energía en la batería de arranque. O como alternativa, usar pilas recargables para su radio-caset.

Hasta lo que conozco, no hay una forma de medir con exactitud, cuanto de energía queda disponible en una batería. No es como medir la cantidad de combustible que queda en un tanque, ni tampoco como pesar un material con la balanza. La energía disponible en una batería, es algo dificil de valuar. Cuenta: el historial de uso anterior a la medición, y la forma como se gasta la energía de la batería. También el envejecimiento de la misma y el clima.

Hay equipos que me pueden decir indirectamente con uso de porcentajes, cuanto de energía tengo como reserva en la batería. Estos medidores, hacen uso del concepto inductancia o conductancia de la batería, pero yo no los usaría para aplicaciones como las que usted me describe.

Un comentario final. Le recomiendo, revise siempre el estado de su batería, digamos una vez cada tres meses. Si el circuito eléctrico de su embarcación está correcto, pues usted tendrá batería para rato.

Le agradecería me comente, si mi respuesta le deja satisfecho. Si hay alguna repregunta, quedo a su disposición. Saludos allá en Ibiza. 

Saludos también a los amigos que se llegan por Energicentro.

lunes, junio 11, 2012

Motor de 1 HP, funcionando con batería



Buen día amigos. He recibido la siguiente consulta:

Hola Carlos
Te saludo desde Guatemala.

Quisiera, me despejaras de una duda. ¿Qué tan factible es conectar un motor de 1 HP y de 120 voltios, a una bateria de carro de 12 V? ¿Por cuánto tiempo la batería haría funcionar al motor?

Fuente: Wikipedia


Bueno, y aquí mi respuesta, para el amigo Chapín:


Comenzemos por un detalle. La potencia de 1 HP, equivale a 746 watts. Esta potencia debe ser atendida por la batería que entrega su energía a 12 voltios. Recordemos que:

Potencia = Voltios x Amperios. 

Por lo tanto para nuestro caso: Amperios = Potencia / Voltios. 

Lo anterior nos permite calcular la corriente que debe entregar la batería. 

Corriente ( I ) = 746 / 12 

Esto nos da: 62.16 amperios, que es una corriente muy alta, así se trate de una batería de camión la que deba suministrarla.



Fuente: wikipedia


Yo sugiero usar por lo menos dos baterías de unos 200 A-h cada una, conectadas en serie. O sea obteniendo de ellas 24 voltios. Para este caso, la corriente requerida a las baterías será: 

I = 746 / 24 = 31amperios.

Por otro lado, la cantidad teórica de energía (watts-hora) que tiene almacenada una batería, se obtiene multiplicando la capacidad (en A-h) de la misma, por el voltaje. Para nuestro caso:

200 A-h x 24 voltios = 4800 watts-hora

(Recordemos que hemos conectado las dos baterías de 200 A-h en serie. En conexión serie los voltajes se suman y la capacidad del conjunto, es igual a la de una sola de las  batería).

La cantidad de energía real es un porcentaje del valor teórico. Para el arreglo de dos baterías en serie, asumiremos que ese porcentaje es del 60%. Es decir:

Energía real = 0.6 x Cantidad teórica

Por tanto, Energía real = 0.6 x 4800 = 2880 watts-hora. Con este valor, podemos estimar el número de horas, durante las cuales las baterías podrán hacer funcionar al motor:

No de horas = 2880 / 746 = 3.86 horas

Para completar la instalación, requerimos de un equipo inversor, para transformar los 24 voltios que la batería entrega en DC (corriente continua) en 120 voltios AC (corriente alterna) que requiere el motor.

Nota. El factor de 0.6 empleado para el cálculo de los watts-hora reales, considera:

1) Envejecimiento de las baterías.
2) Eficiencia de la recarga de las baterías.
3) Consumo del equipo inversor
4) Otros: los picos de demanda de energía, al instante del encendido del motor.

Hasta aquí llegamos por hoy amigos.

Saludos.