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sábado, noviembre 21, 2009

La Niña Que Vendió el Sol

The Little Girl Who Sold The Sun

Derechos Humanos del Niño: 20 años


Sili Laam observa los enormes aviones que aterrizan en la pista del aeropuerto. Su aldea rural es estremecida por el ruido de los motores de los jet, pero también por el rumor de los autos y de los camiones que corren por la autopista que lleva a la capital Dakar (Senegal).

Silli, pequeña poliomelítica de 12 años, no parece sentir el cansancio de su lento caminar con las muletas. Quiere ir a Dakar en busca de trabajo. "Pero a Dakar no puedo entrar con mi carrito", se justifica el chico al que la niña ha pedido una jaladita. " ¡Vamos, vamos!", dice la muchahcha, levantando su muleta como si fuera un bastón de mando.


La capital se presenta a la chiquilla con el ruido de los variopintos mercaderes, los gritos de los canillitas, el canto monótono de la vieja abuela ciega que recita los versos del Corán, los gritos de una mujer acusada de haber robado y la estruendosa música que por unas monedas toca en una grabadora un chico minusválido. Se trata de una humanidad pobre en plena lucha por la sobrevivencia, donde rige la ley del "sálvese quien pueda". La situación es tal que ni siquiera las piernas deformes de una muchacha poliomelítica logran suscitar compasión o dulzura.

"¡Vamos!", parece decirle Sili a sus muletas mientras sortea los charcos de la calle de periferia donde tiene su sede la redacción del periódico Soleil (El Sol). "Quiero vender El Sol", dice con decisión la pequeña al hombre encargado de las ventas. "No importa sino soy un chico; las niñas saben hacer todo lo que hacen los chicos". La niña firma un recibo por trece ejemplares del periódico que deposita en una bolsa, para luego irse por las calles de Dakar a gritar: "Soleil, Soleil", tratando de ganar a los otros canillitas que gritan anunciando el diario de la competencia: "Sud, Sud".

De repente, la pequeña vendedora se encuentra por casualidad frente a un negocio del centro. El dueño sale, le compra los trece ejemplares y le da un billete de diez mil francos africanos. Una verdadera fortuna para Sili, quien empieza ya a pensar como gastar sus ganancias: una sombrilla protegería de los inclementes rayos del sol a la abuela ciega, bebidas y canciones apara celebrar una fiesta con sus amigas, y muchas monedas para distribuir entre los pobres que piden limosna por las calles.


Pero como se sabe , a menudo los golpes de suerte de los pobres se transforman en desgracias. Cuando la niña se dispone a cambiar el billete, es acusada por un policía de haber robado el dinero. Ella no se atemoriza y desafía al policía diciendo que lo quiere acompañar a la comisaría. "Vamos, vamos" repite con insistencia al hombre. Afortunadamente, en la comisaría encuentra a un oficial gigantesco que escucha con atención sus razonamientos y le hace justicia a fondo.

Babou Seck, joven voceador del periódico el Sud, es un apasionado lector de libros. Es, además el mejor amigo de Sili en la gran Dakar. Y es también quien la defiende de las humillaciones y de las amenazas inflingidas por los otros pequeños vendedores de periódicos. Es él quien, sin pensarlo dos veces, se lanza a las aguas del puerto para recuperar la muleta que sus enemigos arrojan al mar.

Sili paga esas atenciones narrando al chico las historias que ella ha oido narrar a la abuela. Se tratan de historias y canciones que hablan de amistad, solidaridad y valor, en que los pobres y los últimos dan prueba de saber afrontar con la sonrisa en los labios los duros momentos de la vida.

Cuando una espesa tormenta está por caer en la ciudad y la banda de los pequeños delincuentes le quita una vez nás la muleta, su amigo se desanima y pregunta mientras observa a la chica tendida en las piedras del puerto: ¿Que hacemos? ¿Huimos? Ella responde: "Continuamos". La vida de los dos vendedores de periódico continúa. Babou se echa a las espaldas a Sili y se transforma, como por arte de magia, en su "muleta humana". La chica se deja llevar suavemente por el amigo, al tiempo que hojea el libro que el chiquillo lee en los momentos libres de su trabajo. Ambos se pierden en el cálido color del sol que invade todo y crea historias increibles como ésta.

Hola amigos baterilleros. Inicié este post con el relato sobre Sili Laam, niña que se dedica a la venta de diarios en Dakar, Senegal. Este artículo lo leí en la revista: "Misión Sin Fronteras" de mayo año 2000. Motivado porque el día de ayer 20 de noviembre se celebró el veinte aniversario de la Convención Sobre los Derechos del Niño, es que se me vino a la memoria este artículo.

El relato es el argumento de una película: "La Niña Que Vendió al Sol" o "La Petite Vendeuse de Soleil". Film africano del fallecido director Dgibril Diop Mambety. En la cinta (subtitulada en Inglés), la niña recibe trece periódicos, los cuales se compromete a vender, firma una nota poniendo como rúbrica, el dibujo de un sol. Aquí la escena.





Como les decía amigos, este post era por la Convención Sobre los Derechos del Niño, pero se invirtió y tocó la temática de una película, donde la protagonista era una niña y eso también es bueno.

Saludos

1 comentario:

Sonia Luz dijo...

Una bella historia, Carlos. La pobreza material o las limitaciones físicas muchas veces guardan tesoros inadvertidos.